Una española en Italia: diferencias culturales, gastronomía y vida cotidiana

España e Italia parecen tener mucho en común: el clima mediterráneo, la importancia de la familia, una gastronomía reconocida internacionalmente y una forma de relacionarse bastante cercana. Sin embargo, vivir en Italia siendo española permite descubrir que las semejanzas entre ambos países esconden también numerosos choques culturales.

¿Cómo es realmente la vida de una española en Italia? ¿Es fácil adaptarse? ¿Son españoles e italianos tan parecidos como pensamos? Hablamos de algunas de las diferencias más interesantes entre España e Italia, desde los horarios y la comida hasta las relaciones sociales y el idioma.

Vivir en Italia siendo española: ¿es fácil adaptarse?

Para una persona española, Italia puede resultar familiar desde el primer momento. El clima, las plazas llenas de gente, las terrazas, los mercados y la importancia de reunirse alrededor de una mesa recuerdan mucho a España.

Esta proximidad cultural puede facilitar la adaptación, pero también genera expectativas. Precisamente porque pensamos que España e Italia son muy similares, las pequeñas diferencias pueden resultar especialmente sorprendentes.

Italia, además, es un país con enormes contrastes regionales. Vivir en Milán no ofrece la misma experiencia que hacerlo en Roma, Bolonia, Nápoles, Palermo o un pequeño pueblo de Sicilia. El norte y el sur presentan diferencias económicas, sociales, gastronómicas e incluso lingüísticas.

España e Italia: parecidos, pero no iguales

Italianos y españoles suelen compartir una forma expresiva de comunicarse. Se utilizan mucho los gestos, las conversaciones pueden ser animadas y la familia tiene un papel fundamental.

Sin embargo, existen diferencias en la manera de organizar la vida cotidiana.

Una española que se instala en Italia puede reconocer muchos comportamientos familiares y, al mismo tiempo, encontrarse con situaciones que funcionan de una manera completamente diferente.

Los horarios de las comidas

Uno de los primeros cambios aparece a la hora de comer.

En España es habitual almorzar entre las 14:00 y las 15:00 y cenar después de las 21:00. En Italia, aunque los horarios varían según la región y el estilo de vida, generalmente se come y se cena antes.

Para una española acostumbrada a salir a cenar a las diez de la noche, descubrir que algunas cocinas ya están cerrando puede requerir cierta adaptación.

También cambia la organización de las comidas. En Italia existe una cultura gastronómica con reglas y costumbres muy arraigadas que los propios italianos conocen desde pequeños.

La gastronomía italiana más allá de la pizza y la pasta

Hablar de Italia y gastronomía únicamente pensando en pizza y pasta sería reducir enormemente una de las cocinas más diversas de Europa.

Cada región posee sus propias especialidades. Sicilia, por ejemplo, tiene una tradición culinaria diferente a la del Piamonte, la Toscana o Emilia-Romaña.

La pasta también cambia según el territorio: formas, salsas e ingredientes están vinculados a tradiciones regionales concretas.

Además, los italianos suelen conceder mucha importancia a la calidad de los ingredientes y a la manera correcta de preparar determinadas recetas.

El café: una pequeña diferencia cultural

El café es un excelente ejemplo de cómo una costumbre aparentemente sencilla puede revelar diferencias culturales.

En Italia, pedir un café normalmente significa pedir un espresso. Es frecuente beberlo rápidamente en la barra antes de continuar con el día.

El cappuccino, por su parte, está especialmente asociado al desayuno. Para muchos italianos, pedirlo después de una comida resulta poco habitual.

En España también existe una fuerte cultura del café, pero es frecuente permanecer más tiempo sentado mientras se toma un café con leche, un cortado o un café solo y se conversa.

El aperitivo italiano

Otra costumbre interesante es el aperitivo, especialmente popular en algunas ciudades del norte de Italia.

Antes de cenar, muchas personas quedan para tomar una bebida acompañada de pequeños aperitivos. Más que beber, lo importante es socializar y disfrutar del momento previo a la cena.

Para una española, esta costumbre puede recordar al tapeo, aunque no funciona exactamente de la misma manera.

¿Son los italianos tan sociables como los españoles?

Desde fuera, españoles e italianos pueden parecer prácticamente iguales: hablan alto, gesticulan, disfrutan de la calle y conceden mucha importancia a las relaciones personales.

Sin embargo, integrarse realmente en un grupo de amigos puede requerir tiempo.

Como ocurre en España, muchas amistades se forman durante la infancia, el instituto o la universidad. Llegar desde otro país implica construir poco a poco una nueva red social.

La familia también ocupa una posición central en la sociedad italiana. Las comidas familiares, las celebraciones y la relación entre diferentes generaciones siguen teniendo una enorme importancia.

Aprender italiano siendo español: la trampa de los idiomas parecidos

Para un hispanohablante, aprender italiano parece fácil. Y, en cierta medida, lo es.

Ambas son lenguas romances y comparten muchísimo vocabulario y estructuras similares. Un español puede comenzar a comprender italiano con relativa rapidez.

El problema aparece precisamente por esa similitud.

Es fácil caer en el famoso “itañol”: utilizar palabras españolas con pronunciación italiana esperando que funcionen.

También existen falsos amigos, palabras que parecen significar lo mismo pero tienen significados diferentes. Por eso, entender italiano no significa necesariamente hablarlo correctamente.

Los dialectos y las variedades regionales

Otra sorpresa para muchos españoles es la enorme diversidad lingüística de Italia.

Además del italiano estándar, existen numerosas lenguas y variedades regionales. La forma de hablar puede cambiar considerablemente entre Sicilia, Nápoles, Roma, Venecia o Milán.

Algo parecido sucede en España con sus diferentes acentos, variedades del español y lenguas como el catalán, el gallego o el euskera.

Esta diversidad convierte a Italia en un país especialmente interesante para cualquier persona apasionada por los idiomas.

La burocracia italiana

No todo puede ser gastronomía, paisajes y dolce vita.

Uno de los aspectos que algunos extranjeros encuentran más difíciles es enfrentarse a determinados trámites administrativos. Buscar vivienda, conseguir documentación, realizar gestiones o entender cómo funciona una administración diferente puede provocar frustración.

Para una española, algunas situaciones pueden resultar curiosamente familiares: papeles, citas, documentos que faltan y procedimientos que no siempre parecen tan sencillos como deberían.

El norte y el sur de Italia

Hablar de « los italianos » como si todo el país tuviera una única cultura es tan complicado como hablar de « los españoles » ignorando las diferencias entre Galicia, Andalucía, Cataluña o Canarias.

Italia presenta fuertes identidades regionales.

El ritmo de vida, los precios, la gastronomía, el clima, los acentos y las relaciones sociales pueden cambiar enormemente dependiendo de dónde se viva.

Por eso, la experiencia de una española en el norte de Italia puede ser muy diferente a la de alguien que se instala en Sicilia.

Los pequeños choques culturales que aparecen con el tiempo

Los mayores choques culturales no siempre son los más evidentes.

Después de vivir durante un tiempo en otro país comienzan a aparecer pequeñas diferencias: cómo se pide en un restaurante, cuándo se toma determinado café, cómo se saluda, qué se considera educado, cómo se conduce o cuánto tiempo se dedica a una comida.

Son precisamente estos detalles los que hacen interesante vivir en el extranjero.

Una española en Italia puede sentirse muy cerca de casa y, al mismo tiempo, descubrir constantemente nuevas maneras de entender situaciones cotidianas.

Italia vista con ojos españoles

Vivir en Italia también permite mirar España desde otra perspectiva.

Cuando vivimos fuera empezamos a valorar costumbres que antes considerábamos normales: determinados productos, nuestros horarios, la forma de relacionarnos o incluso pequeños gestos cotidianos.

Al mismo tiempo, incorporamos hábitos del país de acogida. Quizás regresamos tomando espresso, preparando determinadas recetas italianas o utilizando alguna palabra italiana casi sin darnos cuenta.

Esa mezcla cultural es precisamente una de las experiencias más enriquecedoras de vivir en otro país.

 

Si quieres saber más no te pierdas el episodio completo que grabé con Sara Castro, profe de español en Italia, puedes encontrar su contacto en la descripción del vídeo en Youtube y en todas las plataformas digitales para escuchar pódcast. 


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